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miércoles, 19 de diciembre de 2018

Aprender después de la jubilación

Todos deberíamos llegar a la jubilación con la cabeza desarrollada para poder disfrutar de la nueva vida. Es un cambio muy grande debido a que en la etapa anterior teníamos ocupadas 12 horas y en estos momentos no.
¿Como deberemos emplear el tiempo?. Lo emplearemos haciendo todos los cursos posibles, paseos o actividades que no podíamos hacer cuando trabajábamos. De esta manera se tiene la mente mas ocupada y el tiempo se hace mas llevadero.

jueves, 18 de junio de 2015

Sugerencia: crear una categoría de Etiquetas para TRUCOS

A estas alturas de la vida todos hemos superado situaciones echando mano de trucos inesperados en cualquier ámbito de actividad.

Apoyándome en esta creencia, pido, por favor la creación de una nueva etiqueta "TRUCOS"  como especifica donde acudir en caso de necesidad o donde se pueda dejar constancia de la sabiduría popular o recetas mágicas que un día funcionaron.
Gracias anticipadas
Blanca Linares

¿Cómo se recupera un jersey cachemir encogido?

 Tengo mucha pena de ver mi precioso jersey cachemir compacto y encogido por haberlo lavado de manera incorrecta. ¿Alguien conoce el truco que resuelva este desaguisado en el que me he metido?
Gracias de antemano
Blanca Linares






jueves, 10 de abril de 2014

Los miedos de nuestra infancia

Pilar, socio del centro municipal de mayores La Remonta, recuerda las situaciones de miedo de su infancia en una Mesa redonda sobre "La animación y sus protagonistas" celebrada en el I.E.S. "Ntra. Sra. de la Almudena" de Madrid.

Estoy aquí en representación de los muy mayores. Cuando Carmen1 me planteó intervenir en esta mesa redonda le dije, del mismo modo lo digo ahora, que cumplo con el requisito de ser mayor pero poco puedo aportar sobre el asunto que aquí se propone debido, por un lado, al medio rural donde nací y crecí, en la provincia de Soria, y, por otro,  a los años en los que fui niña y adolescente: entre 1936 y 1950, años de guerra y postguerra. Menciono estas circunstancias porque configuran un ámbito especial donde los adultos que no habían sido llamados a filas trabajaban sin parar, igual que lo habían hecho sus padres, los ancestros de sus padres y los ancestros de sus ancestros. Los niños éramos pequeños satélites de los adultos, que girábamos  en aquel reducido universo que era mi pueblo, sin salirnos de la órbita que nos tenían marcada. En aquella sociedad, desde muy pequeños, comíamos como y cuando comían los adultos. No se nos mimaba, no se nos contaba cuentos, no se nos llevaba a la cama. Los niños debíamos pasar inadvertidos.  No estorbar. Permanecíamos en casa para dormir y comer. El resto del día asistíamos a  la escuela  y, a la salida, después de coger la merienda, jugábamos en la plaza, las calles y plazoletas hasta la puesta de sol, hora de rigurosa vuelta a casa.

Entre los cuatro y siete años al menor amago de rebeldía se nos amenazaba, dependiendo de la región, con El Coco, El Hombre del Saco, El Hombre de la Bolsa, El Hombre del Costal, El Sacamantecas, El Sacasebos, personajes asustadores de niños, basados en asesinos reales del siglo XIX, -El Sacamantecas, de Álava; la Santa Compaña, - de la mitología gallega- procesiones de almas en pena que visitaban las casas anunciando una muerte próxima; la Mano Negra, banda de asesinos y saqueadores del XIX en Andalucía, etc.
A partir de los 7 años nos asustaban mucho los castigos: llegar tarde a comer, volver con el vestido roto por trepar  árboles,  volver con heridas por caídas –volver calada hasta los huesos por caer en los pilones de las ocho o diez fuentes del pueblo…,  suponía un castigo: bronca y a la cama sin cenar, o al cuarto oscuro, o en casa el domingo; (en la corta encuesta que me ha dado tiempo a hacer entre mis amigos, los urbanitas, para todos fue una constante el miedo a la obscuridad). Sin embargo, daba menos miedo el castigo que aguantar por un tiempo la mirada hosca de un padre justiciero.
Recuerdo de aquella época de juegos haber permanecido en la plaza en días de fuertes tormentas hasta que el retumbo del trueno y el calor de los rayos que iban a los pararrayos de la torre del Ayuntamiento, nos hacían poner pies en polvorosa.
Cumplidos los 12 ó 13 años, todavía lo pasaba fatal si me mandaban buscar algo a los recintos del final de la casa, que empezaba en la plaza y acababa en los huertos: largos pasillos, ventanuchos propios de almacenes, oscuridad, ruidos extraños. Iba y volvía como alma que lleva el diablo.
En cuanto a mis miedos derivados de la literatura de terror y o de ficción, no se dieron tales. En el pueblo no había libros ni en la escuela. No recuerdo como supe  de Caperucita, Cenicienta, Blanca Nieves o La Bella durmiente, versión de los hermanos Grimm, y saber de la astucia del lobo, la maldad o envidia de las reinas brujas, las madrastras; no conocí otros relatos de terror, de violencia, de desastres ni de ciencia ficción hasta pasada la adolescencia,  en los últimos cursos de bachillerato, que entré a saco con autores de contenidos truculentos como Edgar Allan Poe, y sus relatos de terror; Joseph Conrad y El corazón de las Tinieblas, Hermann Melville y su  Moby Dick; Stevenson, en  El extraño caso sobre Dr. Jeckill y Mr Hyde; Daniel Foe  y su Robinson Crusoe, Charles Dickens y el pobre Oliver Twist; Conan Doyle y Sherlock Holmes… Aunque todos esos miedos que yo me busqué comparados con los que proporcionan las imágenes de Matrix, Blade Runner, La guerra de las galaxias, El señor de los anillos, Batman, Superman, Harry Potter, las series vampíricas, etc. son pura anécdota.
Quiero terminar con un hecho en el que pasé mucho miedo. Fue, con unos 13 años, en el  internado del Sagrado Corazón de Soria, en el transcurso de una aventura que emprendí con una compañera de curso. Era la primera semana de Octubre, semana que se celebran las fiestas de San Saturio con gran baile en la Plaza Mayor, sitio inspirador de Machado. Estaba anocheciendo con vagos relámpagos de una tormenta lejana.
Una media hora antes de la cena se nos ocurrió subir a la torre de la Iglesia del colegio, hasta donde llegaba el eco de la música, equipadas de unos prismáticos para cotillear el baile de la plaza.  Salvamos el recorrido hasta el Coro de la capilla sin que nos ‘pillara’ ninguna monja. En el Coro tampoco las había, así que nos colamos por las escaleras hasta llegar a los huecos de las campanas donde nos instalamos embelesadas por ver el ambiente de la plaza y oír los bailables de entonces. Se nos pasó volando la media hora entera que faltaba para la cena. Volvimos deprisa hasta el nivel del Coro.  ¡La puerta de la torre cerrada con llave! Las monjas rezaban acompañadas del órgano. Sus cantos apagaban las patadas con las que, en un acto de valor, empezamos a aporrear la puerta. Sin resultado, completamente a oscuras, de nuevo subimos hasta el nivel de las campanas. Vimos la calle vacía. Nadie nos oía. La tormenta ya encima con sus relámpagos y truenos. El recinto oscuro, con ruidos de aleteos de palomas y murciélagos, era tenebroso. Aterradas por la idea de pasar allí la noche, golpeamos el  badajo atropelladamente.  Una antigua alumna que salía del Colegio  por fin oyó nuestros gritos y el repique desordenado de las campanas. Entró al Colegio. Bajamos la escalera a trompicones pensando en la que nos caería: ¿expulsión? ¿notificación a los padres? ¿no salir del colegio en todo el trimestre?
La Madre Superiora –de presencia solemne, aterradora- y Sor Teresa, la directora del Internado, con gesto inquisidor, nos esperaban a la entrada del Coro. Nosotras, achicadas, mirando al suelo, oímos decir a la Superiora: Sor Teresa, no hay que darle más vueltas, ¡es cosa de la edad¡. ¡Hay que ser paciente con la adolescencia!. Y a nosotras, rapapolvo, colleja y permiso para entrar al comedor. ¡Ahí quedó todo! Todavía no puedo creer que, a mitad de los años cuarenta, la sociedad soriana hubiera formado unas educadoras tan sabias, – Sor Ana María Úsanos y Sor Teresa Morales –monjas de la orden francesa de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul con las que tuve la suerte de hacer el bachillerato.

1) Carmen Blanco, Directora del IES "Ntra. Sra. de la Almudena" de Madrid

lunes, 10 de febrero de 2014

Audio del Programa "Juntos Paso a Paso"

 
 
Como lo prometido es deuda, aquí tenéis el enlace con el audio  del programa "Juntos Paso a Paso" que se grabo el jueves en el Centro de Mayores "Reina Sofía" de Cruz Roja de Madrid.
 


jueves, 6 de febrero de 2014

Juntos Paso a Paso

Hoy nos han visitado del programa de RTVE, Juntos Paso a Paso. Son viejos conocidos. Ya hemos participado en sus programas, en otras ocasiones.
Han estado por aquí, Juan Fernández y su equipo. Se ha grabado el próximo programa  que se emitirá el sábado día 9 de Febrero de 2014, de 7:00 a 8:00 hora de la mañana. Se ha hablado de temas que nos interesan a los mayores, de nuestro Centro, de los talleres, de nuestras actividades y de los programas que  Cruz Roja tiene para nosotros.
El próximo lunes, colgaremos el enlace del "potcast" para que escuchéis  lo interesante que ha resultado.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Unas pinceladas sobre mi vida

 
Yo quiero contar a grandes rasgos un poco de mi vida. Ha sido sencilla, pero buena. No creo que sirva de ejemplo para ningún joven pero ahí va.

Eran otros tiempos y había un gran respeto en particular a los padres, pero también un gran cariño.

Yo, como todos los niños, fui al colegio de pequeña y cuando tenía 12 años decidieron que lo mejor era que fuese a Zaragoza a un colegio de monjas (pues todas mis hermanas lo hicieron).

Yo (y que esto no sirva de ejemplo) era muy mala estudiante y para no dar un disgusto a mi madre (lo estaba pasando muy mal, ya que hacía solamente unos meses que había muerto mi padre con 48 años) pedí, por favor, a las monjas que me preguntasen en el examen la guerra de la independencia, ya que era lo único que me sabía, y además me apunté a Hijas de María que era un “puntazo”. Efectivamente surtió efecto.

He sido bastante gamberra en el buen sentido pues estaba metida en todos los ajos. El estar en un colegio de monjas no me supuso ningún trauma, todo lo contrario. Yo he estado encantada.

Después lo normal, tienes un novio ó dos ó … y después te casas. Tienes hijos. Los quieres con locura y a partir de ahí ya dejas de pensar en ti. Los dedicas tu vida, y cuando son mayorcitos empiezo a hacer lo que a mi me gusta. Siempre he estado metida en la pintura. Me encanta el cine, teatro y conciertos y sobre todo están las amistades. Las antiguas (que sigo conservando) y las nuevas que son un lujo.

Ahora ya una es mayor pero sigo con las mismas aficiones. Mis hijas me piden cita para poder verme, pues la verdad es que soy muy activa y ellas están encantadas. Por supuesto, en mí no entra el dejar de seguir siendo coqueta, pues si el ser mayor no es muy gratificante, me encanta que me vean arregladita y bien peinada, pues así es más llevadero y yo me encuentro menos fea (bueno; a veces, hasta guapita).

De mis padres estoy de lo más orgullosa y creo que he sido muy buena hija, en particular cuando mi madre fue mayor. Los he querido muchísimo, como también veo que mis hijas lo sienten por mí.

Y ya, por último, como llegan estas fechas, también me meto en la cocina (cosa que me encanta) y hasta os diré el menú que creo que pondremos.

Nochebuena: Bastantes cositas de picar y un pescado al horno que, casi siempre, es lubina salvaje. Postres y cava.

Navidad: Vuelta con las cosas de picar y algún marisquito, y después hay costumbre de hacer canelones.

Nochevieja: Perdices al chocolate, que a mi hija la salen exquisitas y vuelta con las cosas de picar.

Año Nuevo: Ahí me luzco yo y les hago el lechazo al horno con una ensalada que me suele salir bastante bueno pues para eso soy de Aranda de Duero.

En fin esto es todo.

Estoy contenta de la vida, de mi familia y de mis amigas ¿que más puedo pedir? Puedo comer todos los días y tener una casa calentita que es lo que a mí más me gusta. Por las noches cuando estoy en la cama calentita me entran verdaderos remordimientos. También me gusta ser solidaria, y ahí estoy siempre para ayudar a quien lo necesite, ya que yo me considero una privilegiada y doy gracias a Dios por ello.

Charo Pascual

lunes, 18 de junio de 2012

Bienvenidos a nuestro Blog


          
Pensamos que también lo podemos llamar “nuestra ventana”; ya que a través de ella nos vamos a comunicar.

Tramo de nuestra vidaEstamos en otra etapa de nuestra vida en la que debemos encontrar todo lo bueno, lo bello, lo maravilloso, etc… que nos ofrece y que no debemos dejar pasar. Tenemos distintas responsabilidades, pero sobretodo tenemos una para nosotros mismos,  que es: SER FELICES. Si, es responsabilidad nuestra, ya sabéis que en la vida no se nos da nada porque si, pues ahora debemos buscar, en este tramo de nuestra vida,  todas las cosas que nos rodean y que nos llevaran a ese camino para encontrarnos bien con nosotros mismos y a la vez ser un poquito feliz.

La primera idea que tenemos que tener es que siempre tenemos que hacer algo, estar activos. Por eso todas las noches nos iremos a la cama con la idea que mañana haré….
Fdo. Mary Carmen C.

viernes, 1 de junio de 2012

La Edad y la Libertad

La palabra libertad se puede incluir en todo lo relacionado con el envejecimiento activo dado que desde mi perspectiva, cuando llegas a una cierta edad te sientes cada vez más libre.

 Libre de prejuicios, libre de pensamiento, ves las cosas con más serenidad, eres más tolerante a la vez que más "indiferente" hacia ciertas actitudes.  Sientes como que comprendes más a las personas.  No tienes la necesidad de juzgar a nadie, sino "vivir y deja vivir".


Por otro lado el Envejecimiento Activo también incluye una forma diferente de organizar tu vida.  Aunque parezca una tonteria, tienes muchas inquietudes.  Cosas que no has podido hacer de joven y que ahora disfrutas con ellas, como por ejemplo apreciar el Arte en todas sus facetas, pintura, escultura, arquitectura, música etc  Bucear en las antiguas civilizaciones.  Antes viajar era un placer pero ahora lo disfrutas el doble porque entiendes un poquito más de todo aquello que visitas.

Proyecto Experimental

                                                                                


Me propongo hacer un resumen de lo que para mí ha significado conocer a la Cruz Roja y sus actividades.

Siempre dudas un poco (por lo menos yo) de integrarte a unos grupos en los que no conoces a nadie, y tampoco eres experta en esas materias. Yo llevo cuatro años totalmente integrada y cada vez más contenta de los resultados, aunque claro está también reniego un poquito cuando no me tocan entrar en las actividades que elijo, pero en fin esto es así y no hay que darle vueltas.

Yo por definirlo de alguna manera lo veo que es un antidepresivo pues estás de tal manera metida que no tienes tiempo para tonterías (Esto es mejor que el Prozac y no tiene contraindicaciones). Aparte de esto he tenido la gran suerte de haber encontrado un grupo de Amigas que no me lo puedo creer. Ha sido un lujo que procuraré conservar siempre.

En cuanto a las personas que nos dirigen los cursos como es natural hay de todo. Hay personas que tienes menos conexión con ellos y otras que las cuentas como una amiga más. En general yo estoy satisfecha.

Aparte de esto y aunque gracias a Dios a mí todavía no me toca veo que a las personas más mayores y con alguna minusvalía las tratan con mucho cariño y esto a mí me llega mucho.

En fin esto es lo que a grandes rasgos puedo opinar, pues ya sé que hacen muchas más actividades pero al desconocerlas no puedo opinar.

Yo a todos les estoy muy agradecida