La Informática es un adelanto, pero a partir de cierta edad avanzada nos cuesta asimilar la Tecnología que avanza día adía.
Este año en la Cruz Roja con el Nuevo Sistema de organización de Cursos a resultado problemático y escaso para asimilar toda la Materia en un Trimestre.
Mostrando entradas con la etiqueta Como somos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Como somos. Mostrar todas las entradas
miércoles, 19 de diciembre de 2018
Mayores en Navidades
Todos sabemos que estas fiestas que se aproximan son muy familiares y es un buen momento para que nos reunamos y podamos disfrutar de la presencia de nuestros seres queridos que en algunos momentos no podemos estar con ellos tanto como nos gustaría.
En estas fechas, no sabemos si es por la edad en la que estamos entrando, nos acordamos mas de nuestros mayores y también de nuestros hijos y hermanos, pero afortunadamente existe una nueva generación, nuestros nietos, que llenan con creces aquellos vacíos que podamos tener por la falta de algunos seres queridos.
Ahora nos convertimos en anfitriones de aquellas cenas familiares en las que antaño éramos meros participantes. Esto al final, es una inmensa alegría que podemos compartirla con el resto de la familia.
En estas fechas, no sabemos si es por la edad en la que estamos entrando, nos acordamos mas de nuestros mayores y también de nuestros hijos y hermanos, pero afortunadamente existe una nueva generación, nuestros nietos, que llenan con creces aquellos vacíos que podamos tener por la falta de algunos seres queridos.
Ahora nos convertimos en anfitriones de aquellas cenas familiares en las que antaño éramos meros participantes. Esto al final, es una inmensa alegría que podemos compartirla con el resto de la familia.
miércoles, 6 de junio de 2018
lunes, 17 de julio de 2017
Opiniones sobre el maltrato a personas mayores
En relación con el decálogo creado por Cruz Roja sobre el maltrato, Angela P. nos traslada su opinión que refleja realmente lo importante de como abordar el mismo y lo que hace que se diferencia un maltrato de lo que no lo es:
"está muy bien sintetizado y a mi llama fundamentalmente la atención lo siguiente:
- tratar al mayor sin infantilismo, escucharle, dejarle tener acceso a sus pertenencias, dinero, joyas, fotos, permitirle las visitas, viajar.....
- confiar más en sus posibilidades, aunque se vean disminuidas.
Creo que lo importante en el trato con el mayor no es tanto la cantidad de lo que ofrecemos como el que perciban que estamos con ellos, con empatía sincera que les cale y se sientan queridos."
Ángela, muchas gracias por tu opinión. Es muy valiosa.
jueves, 11 de mayo de 2017
jueves, 16 de junio de 2016
FIESTA FIN DE CURSO DE CRUZ ROJA 2016
Os invitamos a la fiesta que celebramos para la clausura del curso 2016
El programa es el siguiente:
Presentación a cargo de Pilar Sánchez Tamayo
10:30 -Entrega de premios de pintura del Taller "Técnicas de Pintura"
(la exposición está en la calle Pozas )
11:00 -José María Sánchez ( las matemáticas divertidas)
11:30 -La Rondalla.
12:45-Bailoterapia.
13:15- Piscolabis.
¡¡Venid y divertíos un poquito!!
lunes, 21 de diciembre de 2015
Fiesta de Navidad
Ya esta encima la Navidad y la queremos celebrar con todos vosotros, con la tradicional fiesta. Será mañana martes, día 22 de Diciembre, de 16,30 a 19,30 horas. Habrá distintas actuaciones y compartiremos con vosotros, charlas y alguna que otra cosa más. ¿Te quieres acercar? aquí nos encontrarás.
Ya esta decorada nuestra planta, con guirnaldas e imágenes de Navidad.
¡Feliz Navidad! y que el Año Nuevo nos traiga paz y felicidad, sin exagerar, que decimos los de una edad. Con salud y algún encuentro familiar, con esto nos podemos conformar. A esta edad, predomina la serenidad.
Como los años, nos hacen entender ya, la vulnerabilidad, la fragilidad, lo imponderable, la injusticia; no, nos podemos olvidar de los demás. Ejerzamos la solidaridad, no solo en Navidad. Podemos echar una mano teniendo una actitud vital más justa, comprometiéndonos con otros ó con una actividad y donando.
jueves, 10 de abril de 2014
Los miedos de nuestra infancia
Estoy
aquí en representación de los muy mayores. Cuando Carmen1 me planteó
intervenir en esta mesa redonda le dije, del mismo modo lo digo ahora, que
cumplo con el requisito de ser mayor pero poco puedo aportar sobre el asunto
que aquí se propone debido, por un lado, al medio rural donde nací y crecí, en
la provincia de Soria, y, por otro, a
los años en los que fui niña y adolescente: entre 1936 y 1950, años de guerra y
postguerra. Menciono estas circunstancias porque configuran un ámbito especial
donde los adultos que no habían sido llamados a filas trabajaban sin parar,
igual que lo habían hecho sus padres, los ancestros de sus padres y los
ancestros de sus ancestros. Los niños éramos pequeños satélites de los adultos, que girábamos en aquel reducido
universo que era mi pueblo, sin salirnos de la órbita que nos tenían marcada. En
aquella sociedad, desde muy pequeños, comíamos como y cuando comían los
adultos. No se nos mimaba, no se nos contaba cuentos, no se nos llevaba a la
cama. Los niños debíamos pasar inadvertidos.
No estorbar. Permanecíamos en casa para dormir y comer. El resto del día
asistíamos a la escuela y, a la salida, después de coger la merienda, jugábamos
en la plaza, las calles y plazoletas hasta la puesta de sol, hora de rigurosa
vuelta a casa.
Entre los cuatro y siete años al menor amago de rebeldía
se nos amenazaba, dependiendo de la región, con El Coco, El Hombre del Saco, El
Hombre de la Bolsa, El Hombre del Costal, El Sacamantecas, El Sacasebos,
personajes asustadores de niños, basados en asesinos reales del siglo XIX, -El
Sacamantecas, de Álava; la Santa Compaña, - de la mitología gallega- procesiones
de almas en pena que visitaban las casas anunciando una muerte próxima; la Mano
Negra, banda de asesinos y saqueadores del XIX en Andalucía, etc.
A partir de los 7 años nos asustaban mucho los castigos: llegar tarde a comer, volver con el
vestido roto por trepar árboles, volver con heridas por caídas –volver calada
hasta los huesos por caer en los pilones de las ocho o diez fuentes del pueblo…,
suponía un castigo: bronca y a la cama sin cenar, o al cuarto oscuro, o en
casa el domingo; (en la corta encuesta que me ha dado tiempo a hacer entre mis
amigos, los urbanitas, para todos fue una constante el miedo a la obscuridad). Sin embargo, daba menos miedo el castigo que
aguantar por un tiempo la mirada hosca de un padre justiciero.
Recuerdo de aquella época de juegos haber permanecido en
la plaza en días de fuertes tormentas hasta que el retumbo del trueno y el calor de los rayos que iban a los pararrayos
de la torre del Ayuntamiento, nos hacían poner pies en polvorosa.
Cumplidos los 12 ó 13 años, todavía lo pasaba fatal si me
mandaban buscar algo a los recintos del final de la casa, que empezaba en
la plaza y acababa en los huertos: largos pasillos, ventanuchos propios de
almacenes, oscuridad, ruidos extraños. Iba y volvía como alma que lleva el
diablo.
En cuanto a mis miedos derivados de la
literatura de terror y o de ficción, no se dieron tales. En el pueblo no había
libros ni en la escuela. No recuerdo como supe
de Caperucita, Cenicienta, Blanca Nieves o La Bella durmiente, versión
de los hermanos Grimm, y saber de la astucia del lobo, la maldad o envidia de
las reinas brujas, las madrastras; no conocí otros relatos de terror, de
violencia, de desastres ni de ciencia ficción hasta pasada la
adolescencia, en los últimos cursos de
bachillerato, que entré a saco con autores de contenidos truculentos como Edgar
Allan Poe, y sus relatos de terror; Joseph Conrad y El corazón de las
Tinieblas, Hermann Melville y su Moby
Dick; Stevenson, en El extraño caso
sobre Dr. Jeckill y Mr Hyde; Daniel Foe
y su Robinson Crusoe, Charles Dickens y el pobre Oliver Twist; Conan
Doyle y Sherlock Holmes… Aunque todos esos miedos que yo me busqué comparados
con los que proporcionan las imágenes de Matrix, Blade Runner, La guerra de las
galaxias, El señor de los anillos, Batman, Superman, Harry Potter, las series
vampíricas, etc. son pura anécdota.
Quiero terminar con un hecho en
el que pasé mucho miedo. Fue, con unos 13 años, en el
internado del Sagrado Corazón de Soria, en el transcurso de una aventura que emprendí con una
compañera de curso. Era la primera semana de Octubre, semana que se celebran
las fiestas de San Saturio con gran baile en la Plaza Mayor, sitio inspirador
de Machado. Estaba anocheciendo con vagos relámpagos de una tormenta lejana.
Una media hora antes de la cena se nos ocurrió subir a la
torre de la Iglesia del colegio, hasta donde llegaba el eco de la música, equipadas
de unos prismáticos para cotillear el baile de la plaza. Salvamos el recorrido hasta el Coro de la
capilla sin que nos ‘pillara’ ninguna monja. En el Coro tampoco las había, así
que nos colamos por las escaleras hasta llegar a los huecos de las campanas donde
nos instalamos embelesadas por ver el ambiente de la plaza y oír los bailables
de entonces. Se nos pasó volando la media hora entera que faltaba para la cena.
Volvimos deprisa hasta el nivel del Coro. ¡La puerta de la torre cerrada con llave! Las
monjas rezaban acompañadas del órgano. Sus cantos apagaban las patadas con las
que, en un acto de valor, empezamos a aporrear la puerta. Sin resultado, completamente
a oscuras, de nuevo subimos hasta el nivel de las campanas. Vimos la calle
vacía. Nadie nos oía. La tormenta ya encima con sus relámpagos y truenos. El
recinto oscuro, con ruidos de aleteos de palomas y murciélagos, era tenebroso.
Aterradas por la idea de pasar allí la noche, golpeamos el badajo atropelladamente. Una antigua alumna que salía del Colegio por fin oyó nuestros gritos y el repique
desordenado de las campanas. Entró al Colegio. Bajamos la escalera a
trompicones pensando en la que nos caería: ¿expulsión? ¿notificación a los
padres? ¿no salir del colegio en todo el trimestre?
La Madre Superiora –de presencia solemne, aterradora- y
Sor Teresa, la directora del Internado, con gesto inquisidor, nos esperaban a
la entrada del Coro. Nosotras, achicadas, mirando al suelo, oímos decir a la
Superiora: Sor Teresa, no hay que darle más vueltas, ¡es cosa de la edad¡. ¡Hay
que ser paciente con la adolescencia!. Y a nosotras, rapapolvo, colleja y
permiso para entrar al comedor. ¡Ahí quedó todo! Todavía no puedo creer que, a
mitad de los años cuarenta, la sociedad soriana hubiera formado unas educadoras
tan sabias, – Sor Ana María Úsanos y Sor Teresa Morales –monjas de la orden
francesa de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul con las que tuve
la suerte de hacer el bachillerato.
1) Carmen
Blanco, Directora del IES "Ntra. Sra. de la Almudena" de Madrid
sábado, 23 de noviembre de 2013
Una nueva visión del envejecimiento
Según el neurólogo español, Alvaro Pascual Nerone entrevistado por Elsa Punset en el Progama "Redes" de RTVE, en el capítulo "Estimula tu cerebro para vivir más y mejor", ve el envejecimieto desde el punto de vista neurológico como un cambio del cerebro (plasticidad cerebral) a distinto (no tiene porque ser a peor, incluso puede interpretarse como a mejor). Se va perdiendo la capacidad de relacionar objetos con nombres, con personas, olvidos (memoria); pero a cambio, cuando no hacemos mayores vamos ganando una mayor capacidad de asociar y ver relaciones más distantes (esto sería la experiencia), "Dejamos de ver las hojas para ver el bosque" Lo que Elsa Punset interpretó como que perdemos la mirada corta y obtenemos una mirada más amplia.
Podéis verlo en el siguiente enlace de TVE a la Carta de fecha 7/jul/2013,
http://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



