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jueves, 27 de junio de 2013

Primer Premio del Concurso de Relatos 2013


EL ESTIGMA DE LA POBREZA 

AUTOR: JOSÉ  MIGUEL  CASANOVA
 
          Con el corazón encogido, José contempla la gran excavadora roja, que ha llegado al pequeño poblado del extrarradio de la capital. A la hora en punto anunciada en la orden de derribo se pone en marcha;  levanta la pala y de un solo golpe derriba sin piedad la vivienda que tanto trabajo les costó construir a él y a Dolores, la mujer que perdió por la imprudencia de un conductor borracho, sin carnet ni seguro.
En los escombros quedan multitud de recuerdos felices. Impresionado por la destrucción que tiene lugar ante sus ojos, no puede evitar que las lágrimas corran por su rostro Tiene cogidos de la mano a sus hijos Daniel e Isabel de cuatro y cinco años, éstos contemplan asombrados la escena. Cuando terminan las palas de echar los escombros en el camión entre nubes de polvo, solo queda un solar, que permitirá construir la autovía proyectada.
            Cómo no hay nada que retenga a José en la gran ciudad, coge la maleta que contiene las ropas de sus hijos y poco más y se dirige a la estación de autobuses que le llevará a él y a sus hijos al pueblo donde nació; lo tiene decidido desde que recibió la orden de derribo. Vuelve a sus orígenes con la esperanza de conseguir una vida mejor para él y sus hijos.
           Cuando arranca el autobús, su hija se acurruca sobre su hombro, poco después se queda dormida, al otro lado del pasillo, Daniel tiene pegada su frente a la ventanilla mirando como desfila el paisaje ante sus ojos. El tener José a sus hijos junto a él suaviza la angustia que recorre su cuerpo.
Mientras pasan los kilómetros recuerda las privaciones que tuvieron que sufrir Dolores y él, para la construcción de su casita, la hicieron los fines de semana con la ayuda de compañeros del trabajo de José. Unos meses después estaba terminada. Dentro de ella eran muy felices, sobre todo con el nacimiento de sus dos hijos. La trágica muerte de Dolores, sumió a José en una gran depresión, la vida ya no le importa, piensa en el suicidio, solo abandona la idea al mirarse en los ojos de sus hijos, a los que se dedica en cuerpo y alma. La falta de trabajo le obliga a solicitar ayuda de los Servicios Sociales, para dar de comer a sus hijos. Para colmo, una nueva orden municipal, prohíbe las pequeñas viviendas en la zona donde tiene su casita. A pesar de luchar él y todos los vecinos por la derogación de la orden, tan solo consigue aplazar el derribo de su casita, pero no pueden impedir su derribo.
El traqueteo del autobús despierta a José, sus hijos están dormidos les puede el cansancio del viaje y el madrugón. El paisaje que contempla José a través de la ventanilla lo reconoce, son lugares cercanos a su pueblo. Según va llegando siente la angustia de la aventura que va a iniciar, confía que alguno de los pocos familiares que quedan en el pueblo, le ayuden los primeros días hasta encontrar un trabajo que le permita mantener a sus hijos. Al parar el autobús en la plaza, los niños se despiertan, con los ojos semicerrados contemplan con extrañeza el lugar adonde han llegado.
Van descendiendo los viajeros, algunos son recibidos por sus familiares. José y sus hijos bajan los últimos, no les espera nadie. Pero alguien se acerca.
—Hola José —le dice mientras le golpea la espalda. — ¿No me conoces? Soy tu primo Damián.
—Hola Damián, no te reconocía, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.
Se abrazan emocionados por el encuentro. José se separa y le señala a sus hijos.
—Estos son: Daniel e Isabel
—Que guapos son. ¿A dónde vas? —le pregunta su primo.
—Voy al Ayuntamiento para que me digan donde puedo pasar la noche y si me pueden ofrecer algún trabajo.
—Lo primero está resuelto, vendrás a mi casa con mi mujer y mis tres hijos, tenemos sitio para todos —le dice Damián, sorprendiendo a  José por la oferta.
—Somos muchos, llévate a mis hijos y yo dormiré en cualquier parte —le propone José.
—Recuerda, que tu padre ayudó al mío cuando una epidemia arruinó nuestros campos, no teníamos ni para comer. Tu y yo éramos pequeños pero a mi no se me ha olvidado. Ahora que lo necesitas no te voy a abandonar.
       —Lo recuerdo, yo os llevaba el pan.
—Además llegas en el momento oportuno, hace unos días me he hecho cargo de la herencia que le  ha dejado a mi mujer un tío suyo, son cuatro fincas de maíz y necesito alguien que las trabaje; nadie mejor que tú para hacerlo.
—Ten por seguro que si me das ese trabajo no te arrepentirás, trabajaré día y noche.
 —De todo esto hablaremos luego, ahora veniros a mi casa, estaréis cansados del viaje y tendréis hambre.
De nuevo se abrazan los dos primos, José está muy emocionado ante la posibilidad de que se arreglen todos sus problemas, sobre todo pensando en sus hijos, que están agarrados a sus piernas escuchando la conversación de los dos hombres.
—Si no te importa, antes de ir a tu casa, mis hijos y yo tenemos que hacer una visita.
—No tardéis, os espero aquí para llevaros a mi casa. Déjame la maleta, si no la necesitas la guardo hasta que vuelvas.
            Camina José con sus dos hijos cogidos de la mano hacia el cercano cementerio, antes de llegar arranca unas pocas florecillas silvestres. Al entrar en el campo santo se dirige hacia la tumba de sus padres y su esposa; a sus hijos les explica que allí yacen los restos de sus abuelos y de su madre. Con las manos quita las malas yerbas que han crecido con el paso del tiempo y deposita sobre ella las flores que ha arrancado por el camino. Después de una emotiva plegaria, José vuelve al pueblo con el sol que va cayendo a su espalda, sus hijos van cogidos de la mano formando una figura patética llena de esperanza en el futuro. 

jueves, 13 de junio de 2013

El Adios de Lucía

Pronto dejaré la habitación testigo de alegrías y tristezas, también ha oído mis llantos y mis risas. En ella se han desarrollado los sueños de la infancia y la juventud. Todavía resuenan las conversaciones íntimas con mis amigas, siempre acompañadas de música en tono alto. Con lagrimas en los ojos contemplo la cama de madera azul, sobre ella descansan varios peluches. Abrazada a ellos he disfrutado siempre de un sueño tranquilo y sosegado
 Sobre las paredes y en desorden, están adheridos los pósteres de mis cantantes y actores favoritos, que han ido cambiando según cumplía años. Me siento en la banqueta del tocador y veo una a una las fotografías sujetas en el marco del espejo. Me recuerdan momentos felices vividos en mi niñez o juventud, incluso de amigos que se quedaron en eso. Todo esto me produce una nostalgia que recorre mi cuerpo como si fuera hielo. No puedo llevarme, ni deshacer nada, esta labor se la dejo a mi madre.
Antes de salir, descuelgo de las paredes los marcos que contienen mi titulo de medicina en la Universidad Complutense y el Master de Urología. Me recuerdan las noches de estudio que tuve que realizar para conseguirlos. Pienso que me servirán como currículum, unido a mis conocimientos de inglés, hablado y escrito, para conseguir algún trabajo en Londres. Me intranquiliza no saber lo que me ocurrirá en esa ciudad. Si sé como es el piso y mi habitación. Mi amiga Julia, con la que lo voy a compartir, me ha mandado fotografías de él. Va a ser una gran ayuda en la busca de trabajo, ella lleva dos años en esa ciudad y ha conseguido el puesto de endocrina en una sociedad sanitaria.
Oigo golpear la puerta levemente.
—Hija, ¿puedo pasar?
—Si mamá.
    ¿Ya estás preparada? El taxi no tardará.
—Estoy tratando de fijar esta imagen para tenerla siempre en mi mente.
—Lamento que te vayas, pero al morir tu padre solo nos dejo deudas y esta casa si no la hubiese vendido, se la hubiese quedado el banco. Por mi no te preocupes, mi primo Juan me ha ofrecido un puesto en las oficinas de su empresa.
Me abrazo a mi madre y las dos permanecemos así durante mucho tiempo.
—Llámame cuando llegues y mándame correos contándome como te van las cosas.
—Sí mamá —el sonido del claxon del taxi, no me permite contestarle.
Desde dentro del coche y a través de la ventanilla bajada, me despido de ella, está de pie con la mano levantada. Siento que una parte de mi vida se queda allí para siempre. Pero el coraje que me caracteriza me empuja a mirar hacia delante.
                                     Autor:  José Miguel  Casanova

jueves, 30 de mayo de 2013

Aportaciones de la gente mayor en la situación actual

       Una de las aportaciones de la gente mayor en esta época que vivimos y en cualquier otra, es la experiencia.  Saber y poder aplicar la experiencia de la vida, es un valor a tener muy en cuenta sobre todo en estos tiempos de crisis.

        Lo bueno de hacerse mayor es que atesoramos un archivo con multitud de situaciones, tanto laborales, profesionales, como de la propia vida que nos proporcionan criterio, estamos mas preparados para lo bueno y lo no tan bueno y podemos transmitir a nuestro alrededor, calma, recursos, ideas, alegría, tranquilidad.........

        Toda la información adquirida a lo largo de nuestra experiencia de vida la podemos aprovechar para aconsejar y afrontar problemas nuestros o de otras personas.  Contamos además con algo muy valioso, "tiempo". Tiempo sin estres para aprender, ayudar, trabajar...........

        Todo esto, unido a que somos un colectivo muy numeroso, jovial, con capacidad y con una buena calidad de vida, hace que seamos, en la situación actual, piezas claves en la sociedad, un importante potencial a tener en cuenta.

         Os doy un ejemplo admirable de como, aunque se esté ya jubilado, cada uno en su parcelita, podemos ser de mucha utilidad en nuestra sociedad,  Premio al Inventor Europeo del Año 2013 a José Luis López Gómez

Firmado: Lola Inés

lunes, 17 de diciembre de 2012

Reflexión


Estamos en unas fechas que nos invitan a pensar en la vulnerabilidad, a pensar en el “otro”. Estamos en Navidad.

Todos podemos ser vulnerables en algún momento y por distintos motivos. En la situación actual, la crisis se convierte en un factor riesgo que puede afectar a cualquier persona que le hace susceptible de sufrir en algún sentido. En el grupo de “los vulnerables” no sólo esta el que ha tenido mala cabeza ó una actitud “alegre” ante la vida; sino también pertenece a este grupo aquella persona “inocente" engañada, el estupendo trabajador que por mala suerte su compañía quiebra, el autónomo que por falta de financiación no puede continuar, el comerciante que ha perdido ingresos, el joven que no tiene oportunidades, el adulto mayor que es despedido y no puede prejubilarse, los jóvenes poco formados y con menos oportunidades (a los que necesitamos), el pretencioso que quería vivir por encima de sus posibilidades y se embarco en lo que no podía, la persona emprendedora de origen humilde que no puede emprender porque no le financian, la buena gente (trabajadora, ahorradora, solidaria, que tributa lo que le corresponde) que por ningún motivo en concreto de rebote reciben la consecuencia de la crisis...

Junto ó tras la vulnerabilidad podemos llegar a la pobreza, si no  disponemos de los recursos para satisfacer la necesidad de alimentación, agua, vivienda, sanidad...Y, más aún, podemos quedar excluidos socialmente, por tener menos oportunidades para participar en la vida social, económica, política y cultural. 

Para afrontar esta situación, primero tenemos que comprender el problema. Es preciso hacer un ejercicio de reflexión y  considerar el volver a los valores principales. Valorar lo bueno, lo autentico, lo que sirve para algo, lo que repercute en el bien de todos, el trabajo duro, el que no vale todo, que los fines no justifican los medios (no se hace bien con mal), que los caminos cortos no llegan a ninguna parte, que el mal no lleva a ninguna parte, que el estudiar no solo es para beneficio de uno, que es para compartir; que la solidaridad se basa en dar a otro cuando lo necesita y recibir cuando se necesita y que esta no se puede medir por igual; que es necesario desenmascarar al ególatra que no es capaz de dar, que el hombre necesita evolucionar, que la humanidad es una asignatura a estudiar, que no nos debemos asustar; que el gobernar, es estudiar, analizar, comparar, consultar, reflexionar, consensuar, decidir, rectificar y mejorar.  

Se ve la necesidad replantear normas y leyes. Reorganizar, legislar y actuar por el bien común, pensamos que para esto es necesario “VER”; ó, lo que es lo mismo, entender todas las perspectivas. Hacer un ejercicio de empatía. Todos tenemos algo que decir. Todos somos ciudadanos, reflexionamos y actuamos. Confiamos en el sentido común, en nuestra inteligencia. Somos responsables. 

El control y la gestión responsable son imprescindibles. Necesita gente capaz, formada en distintas disciplinas básicas, con una visión global que sean inteligentes en el sentido amplio del termino (técnico, emocional, social, psicológico…), con el deseo de progreso, tenaces y al mismo tiempo flexibles. Gente ética. Que entienda que el “otro” existe que puede coincidir ó no con él; y, que de cualquier caso se merece respeto.

Nos ha llamado la atención un párrafo que leímos en la Web de Cruz Roja refiriéndose a LA POBREZA INVISIBLE: "Cada vez más, la pobreza invisible: familias que viven con los abuelos, personas que no acuden a los servicios sociales por temor a perder la tutela de sus hijos, al carecer de medios.",  nos parece un ejemplo gráfico de lo que no se “VE”. 

Es necesario el apoyo ante la vulnerabilidad y la exclusión social. El desarrollo integral de las personas es un elemento esencial para la prevención de la pobreza, la vulnerabilidad y exclusión Social.
 
Fdo. : MCC y Araceli Tb.
 
 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Algunas reflexiones sobre la crisis

No se si sabré expresar lo que pienso de la crisis.
Creo que estamos viviendo unos momentos muy convulsos debido a la crisis. No llego a entender como se ha llegado a esta situación. No entiendo de finanzas ni que es la prima de riesgo, nunca había oído hablar de ella. Lo que si entiendo es que tenemos unos niveles de paro preocupantes, que los casos de corrupción son innumerables, que hay casos terribles de desesperación, etc.
Jamás en mi vida había conocido tantas huelgas. Recuerdo que hacían huelga los trabajadores de las minas, de los astilleros, etc., pero nunca los profesionales como profesores, médicos, jueces, etc.
Oír las noticias, tanto en la radio como en los telediarios, resulta ser un continuo relato de desastres. Hay momentos que te sientes deprimida por tantas desgracias. ¿Será que tenemos demasiada información? La información se sucede con tanta velocidad que cuando aún no lo has digerido una noticia, te llega otra peor, con lo cual la primera queda desplazada y así todos los días. Las crisis pueden resultar un cambio traumático en la vida de una persona.
Las personas de mi edad hemos pasado por momentos difíciles y a base de tesón y trabajo penamos que llegaríamos a la jubilación de una manera relajada, tranquila y dispuestos a disfrutar de la vida sin sobresaltos. Pero los momentos que vivimos no son precisamente relajados.
Sin embargo, tenemos que ser positivos y enfrentarnos a estas situaciones con espíritu constructivo. Por otra parte, considero que soy privilegiada puesto que puedo disfrutar de muchas cosas que resultan muy gratificantes y me hacen sentir que todavía hay cosas buenas para hacernos felices.
Felices Fiestas y Feliz Año Nuevo 2013
Amalia Miranda.

Cruz Roja ante la crisis


Hemos leído el Proyecto "AHORA + QUE NUNCA" que ofrece Cruz Roja dirigido a las personas que por efecto de la crisis socio-económica se encuentran en situaciones extremas de vulnerabilidad,  nos parece muy bien;  queremos señalar por si podemos contribuir  algo que,
Todas las medidas tomadas nos parecen necesarias y desde nuestra perspectiva, seria conveniente no olvidar un control adecuado.
Si conocéis a personas en esta situación, 
  Podéis dirigirlas a cualquier centro de Cruz Roja,


Fdo. Charo y Pilar