viernes, 16 de noviembre de 2012

EL ÚLTIMO ESCALÓN


“Todos mis esfuerzos y penurias doy por bien empleados, al poder contemplar las viejas piedras cubiertas por el moho, los balcones de hierro forjado maltratados por el óxido, las tejas rojas del techado, algunas de ellas rotas, adornadas por las seis chimeneas con la pintura desconchada por múltiples sitios.
—Querida y deseada mansión, desde esta colina te puedo contemplar en toda tu grandeza y abandono.
—Arre caballo, que te espera una buena cuadra para descansar del viaje y yo podré disfrutar de la mansión, sin compañías no deseables, a las que hice marchar con mis trucos: bisagras de puertas y ventanas que chirriaban en plena noche, haciendo que se despertaran mis dos hermanas; fuertes pisadas en la madera del pasillo, que les hacían levantarse de la cama, para ver  extraños seres que se reflejaban en las paredes. Por último se les aparecía un fantasma envuelto en sábana blanca haciendo ruidos extraños, ese era yo. Con el miedo que les dominaba no me reconocían.
A pesar de su miedo no abandonaban la mansión, que era de mis padres y ahora es mía. Por lo que me vi obligado a emplear los trucos con frecuencia, hasta que lo hice todos los días. Con persuasión, un poco de dinero y el miedo que no les dejaba dormir, emprendieron viaje a Madrid, para vivir con unas tías. Todavía tuve que esperar varios años hasta conseguir que me cedieran su parte de la herencia.
La calesa para delante de la entrada de la mansión.
—No te preocupes jardín, arrancaré las viejas yerbas y pronto lucirás, cómo antes. Lo mismo te digo a ti mansión, te arreglaré desde el tejado hasta el porche.
Mete la llave en la cerradura, forzándola consigue darle la vuelta y hacer que la vieja puerta de madera se abra con un chirrido, que le hace recordar los que él creaba. Una vez en el enorme hall, lleno de telarañas, se dirige a la escalinata. De repente oye unos sonoros pasos detrás de él, se para y ellos se paran, se vuelve y no ve a nadie. Le angustia ver que no es el truco que él empleaba. A pesar del temblor que siente en las piernas decide seguir y subir la amplia escalinata; sube escalón a escalón hasta llegar al último, de repente aparece una figura cubierta por una sábana que le impide el paso. Esto le hace pensar que alguien, no sabe quien, le está haciendo lo que él hacía a sus hermanas. Sin pensarlo se lanza hacia la figura, su impulso hace que la atraviese. Tarde se da cuenta que es etérea. Al no encontrar apoyo, tropieza con el último escalón, lo que le hace perder el equilibrio. Su cabeza se va golpeando en cada escalón hasta llegar al suelo del hall, donde queda inmóvil y en una posición inverosímil.
De la figura etérea salen unas palabras roncas y rasposas.
    Este es el castigo que merece tu ambición.”
Autor.    JOSÉ MIGUEL CASANOVA VALERO

1 comentario:

  1. Me han gustado los tres relatos, pero este especialmente.Que duda cabe que sigues evolucionando a traves de tu escritura.Te animo a que sigas por este camino.

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